El Departamento de Justicia Ya No Puede Decir “Inteligencia Artificial”
Parte de The AI Files · Capítulo 4 de 5 → Parte de The Language of Power · Capítulo 2 de 4 →Le Cambiaron el Nombre al Apocalipsis y Volvió Sonando a Cereal del Desayuno
Hay un toque de corneta, específico y vacío, que hace un gobierno cuando decidió hacer algo con un problema sin hacer nada con el problema. Que es básicamente decorar la vidriera con estilo.
Es un ruido seco. De papel. Algo entre una abrochadora y un señor carraspeando antes de decir la palabra “óptica.”
El 29 de septiembre de 2026, el Presidente de los Estados Unidos firmó la Orden Ejecutiva 14434, y el ruido que hizo se escuchó en tres husos horarios.
La orden le cambia el nombre a la inteligencia artificial.
Eso es todo. Eso es lo que hace. En todo el poder ejecutivo del gobierno de los Estados Unidos, “artificial intelligence” y “AI” quedan afuera. Los términos aprobados de acá en adelante, en correspondencia, comunicaciones públicas, sitios web, informes y documentos de política, son “Super Intelligence” y “SI.”
En la máxima medida permitida por la ley. Guardate esa frase, porque vamos a volver a buscarla con una linterna.
Y después, el 6 de octubre, el Fiscal General Adjunto interino Trent McCotter mandó el memo que lo convierte en el estilo de la casa del Departamento de Justicia. Declaraciones públicas. Documentos de política. Registros. Comunicaciones. Y, cuando corresponda, escritos judiciales.
En algún lugar de Estados Unidos hay ahora un fiscal federal parado frente a un juez, bajo juramento, en un edificio con una bandera adentro, diciendo las palabras “super intelligence” sobre un software que recomienda pautas de condena, y el juez tiene que mantener la cara seria, y la taquígrafa también, y yo también, y estoy fallando.
Sentate. Sí, vos. Viniste por tu cuenta y ahora estás metido en esto conmigo.
STOP.
Señal de giro completa, porque este post va a un lugar que no esperarías por el arranque. Nos vamos a reír de esto durante unas novecientas palabras. Después vamos a dejar de reírnos, porque enterrado en el mismo documento hay un reloj de sesenta días que nadie citó, y se termina a fines de noviembre. Prefiero que veas venir la curva.
Todo Eufemismo Va Cuesta Abajo. Este Fue Cuesta Arriba.
Esto es lo que me hizo dejar el café.
El lenguaje político tiene UNA dirección. Una. Va hacia la palabra más suave, siempre, sin excepción, en todos los gobiernos que existieron, y lo hace por la misma razón por la que el agua va cuesta abajo.
Seguí la pelotita.
Un soldado vuelve del Somme temblando y sin poder hablar, y en 1917 lo llamamos shell shock, dos sílabas duras que suenan a lo que describen. Para la Segunda Guerra Mundial es battle fatigue, fatiga de combate, que suena a que necesita una siesta. Corea nos da operational exhaustion, agotamiento operacional, que suena a un problema de logística. Y para 1980 es trastorno de estrés postraumático, una tira de sílabas clínicas, y lo que señalaba George Carlin con todo esto es que en algún lugar de esa frase al dolor lo lavaron con hidrolavadora.
La tortura se convierte en “interrogatorio mejorado.”
Las muertes de civiles se convierten en “daño colateral.”
Echar gente se convierte en “rightsizing,” una palabra que alguien cobró por inventar, y ojalá esté contento, y ojalá la factura de gas le llegue enorme.
Y en 2002, el estratega de comunicación republicano Frank Luntz les dijo a sus clientes que dejaran de decir “calentamiento global” y empezaran a decir “cambio climático,” y ni siquiera disfrazó el razonamiento. Escribió que la segunda suena a “un desafío más controlable y menos emocional.”
Ese es el mecanismo, dicho en voz alta por un profesional. La palabra se mueve para que el argumento no tenga que moverse. No ganás la pelea. Le cambiás el nombre al ring.
Ahora mirá lo que acaba de pasar.
Fueron para el OTRO LADO. Agarraron una tecnología que dos tercios del país ya piensa que avanza demasiado rápido, y le pusieron un nombre que suena a que tiene visión de rayos X.
Ves el problema. Todo el mundo ya está nervioso, y la respuesta oficial fue ponerle a la cosa un nombre que suena al jefe final del videojuego.
Lo cual es al revés, lo cual es imposible, lo cual quiere decir que yo lo había entendido mal.
Lo Había Entendido Mal, y la Razón Es el Desayuno
Acá es donde di vuelta la cosa y le vi el fondo.
“Super” no es una palabra que dé miedo en el inglés de Estados Unidos. Nunca, ni una vez, fue una palabra que diera miedo. Es posiblemente el morfema menos aterrador de todo el idioma. Y en castellano tampoco, ojo.
Super Bowl. Supermercado. Agrandá el combo. Superman. La Gotita, que allá se llama Super Glue. Súper Mario. Supertramp, Dios nos ayude. Tu tía describiendo una tarta: súper rica. Un árbitro describiendo un martes.
Ponele “super” adelante a cualquier cosa y el oído de un hablante nativo la archiva bajo ENTUSIASMO. Es una palabra de caja de cereal. Es la palabra que grita una estrellita naranja a un nene de nueve años en la góndola del súper. “Super intelligence” no le llega al oído estadounidense como la cosa que va a terminar con nosotros. Le llega como la cosa que conseguimos, y es la grande, y la conseguimos primero.
Así que no es un eufemismo yendo para atrás.
Es un eufemismo disfrazado de monstruo, y el disfraz es la razón por la que nadie lo está palpando. La prensa leyó la palabra, vio que daba más miedo, concluyó que entonces no podía ser una suavización, y pasó a lo siguiente. Un eufemismo que parece una escalada es el mejor eufemismo jamás construido, porque la única defensa que tiene todo el mundo contra que lo manejen con el lenguaje es fijarse si la palabra nueva es más linda. Esta no es más linda. Es MÁS GRANDE.
Y la justificación oficial, para que conste, porque la dieron: la Casa Blanca dice que la redacción refleja las capacidades crecientes de la tecnología avanzada desarrollada por empresas estadounidenses.
Leelo de nuevo. No es una declaración de seguridad. Es un ALARDE. Gramaticalmente, estructuralmente, hasta los huesos, es sacar pecho. No construimos inteligencia artificial, que suena a un programa de investigación con número de subsidio. Construimos SUPER inteligencia. El nombre es el moño.
La Palabra Ya Tenía Dueño, y Eran los que Te Estaban Advirtiendo
Ahora la parte que de verdad me molesta, y es un argumento de lenguaje, o sea que estoy por ponerme insoportable. Agarrate.
“Superintelligence” no es una palabra nueva que inventaron para el comunicado de prensa. Es un TÉRMINO TÉCNICO, con dueño, definición y una década de uso que sostiene peso.
Nick Bostrom, 2014. El libro es Superinteligencia: Caminos, peligros, estrategias. Su definición: un sistema que “supera ampliamente el desempeño cognitivo de los humanos en prácticamente todos los dominios de interés.”
El libro no es una celebración. Es una alarma de cuatrocientas páginas. Su tema central es el problema del control, que es la pregunta de si podés darle a un sistema así objetivos que no terminen con él haciendo algo catastrófico y perfectamente lógico en el camino a cumplirlos. El ejemplo del propio Bostrom es una máquina a la que le piden resolver la hipótesis de Riemann y decide que el camino más eficiente es convertir la Tierra en sustrato de cómputo, y después se resiste a que la apaguen, lo cual es gracioso durante unos cuatro segundos.
¿Quién lo leyó? Todos los que importan en esta historia. Elon Musk dijo por esa época que la IA podía ser más peligrosa que las armas nucleares. Bill Gates dijo que lo recomendaba mucho. Sam Altman lo llamó lo mejor que había leído sobre los riesgos de la IA.
Así que la palabra “superinteligencia” significa una cosa específica desde hace doce años, entre la gente cuyo trabajo entero es advertirte sobre eso. Significa la que se nos escapa. Es la palabra de la comunidad de seguridad para el final.
Y el gobierno de los Estados Unidos ahora la agarró y la convirtió en el nombre oficial del software que te va a ayudar a encontrar el formulario para renovar el pasaporte en America.gov.
No soy lingüista y quiero aclararlo de entrada. No soy Noam Chomsky, carajo, y la única vez que intenté leerlo me quedé dormido en una silla y me desperté enojado con una oración. Pero no hace falta un doctorado para ver qué pasa cuando a la sirena y a la campana de la cena les asignan la misma nota.
El Párrafo Aburrido que Nadie Leyó
Bueno. Terminó la parte de reírse. Dejá el café, esta es la parte.
Todo lo de arriba es cosmético. La orden misma lo dice, y los abogados que la leyeron por oficio lo dijeron en sus alertas a clientes: nadie tiene que volver a emitir regulaciones, contratos, subsidios ni documentos históricos existentes. Por ahora, “Super Intelligence” abarca exactamente los mismos sistemas que la definición legal existente de inteligencia artificial, que vive en el 15 U.S.C. § 9401(3). No cambió nada material. Es una palabra. Respirá.
Salvo por el párrafo que sigue.
Dentro de los 60 días de la orden, el Asistente del Presidente para Ciencia y Tecnología tiene que proponer un texto legislativo para una definición legal federal de “Super Intelligence” y “SI.” Incluyendo si esa definición debería modificar, ampliar o reemplazar a la existente.
Leelo despacio. Modificar. Ampliar. O reemplazar.
El reloj arrancó el 29 de septiembre. Sesenta días caen al final de noviembre, en la semana en que Estados Unidos está comiendo pavo y nadie lee nada.
Por esto ese párrafo es todo el post.
Una definición legal no es una palabra. Una definición legal es un ALAMBRADO. Cada obligación, cada regla de divulgación, cada estándar de compras, cada gancho de responsabilidad, cada pedazo de supervisión que la ley federal le aplica a esta tecnología se aplica a lo que está adentro de ese alambrado y a nada de lo que está afuera. La definición del 9401(3) es el alambrado que se levantó en 2020, y todo lo que se escribió desde entonces está clavado a él.
Mové el alambrado y no cambiaste una palabra. Cambiaste QUÉ SE REGULA. Achicalo, y cosas que estaban cubiertas salen caminando sin que se vote una sola vez si deberían. Agrandalo, y le acabás de dar a alguien jurisdicción sobre una industria entera, que es la otra razón por la que una repartición podría querer una palabra más grande. Palabra más grande, competencia más grande, partida presupuestaria más grande. No estoy afirmando que ese sea el plan. Digo que es una puerta, que está abierta, y que ahora tiene un temporizador.
Y el cambio de nombre es lo que te lleva hasta ahí. No podés proponer una definición legal de algo que no tiene nombre. Primero la palabra, después la definición, después el alambrado. En ese orden. No es una conspiración, es un PROCEDIMIENTO, y está escrito en la orden en castellano llano, bueno, en inglés llano, y la razón por la que nadie lo cubrió es que el párrafo de arriba era más gracioso.
Ese es el truco, y ni siquiera es un truco. Es simplemente cómo funciona la atención. Dale a la prensa un chiste en la página uno y nunca llega a la página dos. Todos los magos que existieron pagaron el alquiler con esto.
Seis Tipos, Cero Multas, Publicado de Noche
Una cosa más del mismo día, porque completa un arco que este blog viene contando desde septiembre.
29 de septiembre. Misma fecha. La Casa Blanca anunció un Acuerdo voluntario sobre Super Inteligencia, y lo firmaron seis personas: Jensen Huang, Sundar Pichai, Mark Zuckerberg, Elon Musk, Dario Amodei y Greg Brockman. Nvidia, Google, Meta, Musk, Anthropic, OpenAI.
Lo que les pide: controles internos sólidos que sigan las capacidades de los modelos en áreas sensibles, incluida la biología, un equipo de seguridad dedicado, un auditor externo que verifique los controles, y un comité independiente del directorio que supervise al equipo y lea los informes del auditor.
Todo lo cual suena razonable, y la mayor parte de lo cual varios de ellos ya hacían de todos modos.
Lo que trae: ninguna sanción. Ningún mecanismo de cumplimiento. Ninguna obligación legal nueva. Se publicó en Truth Social un martes a la noche.
Los lectores de siempre saben a dónde va esto, porque lo escribí hace tres semanas en otro post y no esperaba que me dieran la razón tan rápido. El argumento entonces era que la industria no está pidiendo reglas, está pujando por quedarse con la lapicera. Acá está la lapicera, agarrada, en público, por seis tipos, en un documento que lleva el nombre del escenario de extinción, y dos de ellos dirigen los laboratorios de los que trata ese escenario.
Y Dario Amodei y Greg Brockman pusieron los dos su nombre en un acuerdo voluntario que tomó prestado el título del libro que Sam Altman llamó lo mejor que había leído sobre por qué esto nos podría matar.
No digo que ninguno esté mintiendo. Digo que el vocabulario fue absorbido por completo por la cosa sobre la que se inventó para advertir, que es la señal más confiable de la historia de que una alarma dejó de funcionar.
Ahora la Parte Donde Discuto Contra Mí Mismo
Porque la versión fácil de este post es paranoica, y la versión fácil está mal, y sería un fraude si no planteara bien el otro lado.
Uno. Los gobiernos le cambian el nombre a las cosas todo el tiempo y casi siempre es ruido. Se renombran ministerios. Se renombran programas. A los edificios les cambian el nombre dos veces. La mayor parte es un gasto en membretes y un ciclo de noticias y nada más, y tratar cada cambio de nombre como una conspiración es como terminás siendo el tipo en la fiesta que explica ligaduras tipográficas.
Dos. “Inteligencia artificial” siempre fue un nombre malísimo. John McCarthy lo acuñó en 1955 para la propuesta de un taller de verano, y la frase viene haciendo daño desde entonces, porque “inteligencia” importa cien supuestos que nadie se ganó y “artificial” importa cien más. Gente seria del campo se queja de ese nombre hace casi toda mi vida. Si tu postura es que los términos técnicos deberían ser precisos, “inteligencia artificial” nunca fue tu amiga. Estás defendiendo una palabra mala porque apareció una peor.
Tres. La orden es explícitamente conservadora en lo legal. Deja afuera los documentos históricos. Se aplica solo donde la ley lo permite. Mantiene el alcance legal existente mientras llega la propuesta. Los abogados que escriben las alertas a clientes no están gritando. Están anotando un tema abierto, como anotan las cosas los abogados, que es el equivalente profesional de levantar una ceja en un cuarto oscuro.
Cuatro, y esta es la de verdad. Todavía no pasó nada. Lo que hay que entregar a los sesenta días es una PROPUESTA. Las propuestas mueren todo el tiempo. Las definiciones legales las cambia el Congreso, que últimamente demostró una sólida incapacidad de cambiar cualquier cosa. Estoy escribiendo mil palabras sobre un párrafo que puede producir un memo que puede producir un proyecto de ley que puede morir en comisión.
Todo justo. Todo cierto. Tenelo en una mano.
Ahora tené esto en la otra: la forma en que se mueve un alambrado nunca es un tipo anunciando que va a mover un alambrado. Es un memo de terminología en septiembre, una propuesta de definición en noviembre, tres párrafos en una ley de presupuesto en marzo, y una columna de opinión sorprendida en agosto preguntando cómo pasó esto. Cada una de las veces. La secuencia aburrida es la única secuencia que existe.
Y lo que hace funcionar la secuencia aburrida es que alguien, en algún lugar cerca del principio, hizo reír a todo el mundo.
Entonces, ¿Qué Hacés?
Lista corta, porque odio los posts que se pasan cuatro mil palabras diagnosticando y después recomiendan “tomar conciencia.”
Estate atento a la propuesta. Sesenta días desde el 29 de septiembre. Fines de noviembre. Va a ser un documento del Asistente del Presidente para Ciencia y Tecnología proponiendo texto legal. Va a caer en una semana feriada. Alguien debería leerlo, y viendo los antecedentes, nadie lo va a hacer.
Leelo contra el 15 U.S.C. § 9401(3). Uno al lado del otro. La única pregunta que importa es si el alambrado nuevo es más grande, más chico o tiene otra forma que el viejo, y no necesitás ser abogado para verlo, necesitás dos pestañas del navegador y once minutos.
Seguí usando la palabra vieja. Es el ítem más mezquino de la lista y es el que defendería con más fuerza. El lenguaje cambia por el uso, no por memo. La orden obliga al poder ejecutivo. No te obliga a vos, no me obliga a mí y no obliga a este blog. Pueden llamarla como quieran en su casa. Acá afuera, es un autocompletado muy impresionante con un departamento de relaciones públicas, y lo voy a seguir diciendo.
Y si alguien del gobierno objeta este post porque usé el término descontinuado de punta a punta, le haría notar que fueron ellos los que pusieron por escrito que solo aplica en la máxima medida permitida por la ley.
Me fijé. No me permite nada. Soy un tipo con un blog.
Preguntas Rápidas Desde la Tribuna Barata
¿Qué es la Orden Ejecutiva 14434?
La Orden Ejecutiva 14434 se firmó el 29 de septiembre de 2026. Ordena a los departamentos y agencias del poder ejecutivo federal usar los términos “Super Intelligence” y “SI” en lugar de “artificial intelligence” y “AI” en las comunicaciones oficiales, incluidas la correspondencia, las comunicaciones públicas, los sitios web, los informes y los documentos de política, en la máxima medida permitida por la ley. No exige que las agencias vuelvan a emitir regulaciones, contratos, subsidios ni documentos históricos existentes.
¿El Departamento de Justicia de verdad prohibió el término “inteligencia artificial”?
No lo prohibió, lo redirigió. El 6 de octubre de 2026, el Fiscal General Adjunto interino Trent McCotter emitió un memo que indica al personal usar “super intelligence” y “SI” donde la ley federal lo permita. Abarca declaraciones públicas, documentos de política, registros y otras comunicaciones, y puede extenderse a escritos judiciales cuando corresponda. Las regulaciones, contratos y documentos históricos existentes no se ven afectados.
¿Por qué Trump le cambió el nombre a la IA?
La Casa Blanca dijo que la redacción refleja las capacidades crecientes de la tecnología avanzada desarrollada por empresas estadounidenses. La orden se firmó días después de que una encuesta de AP-NORC encontrara que el 64% de los adultos estadounidenses cree que la IA se está desarrollando demasiado rápido, y parte de la cobertura vinculó el cambio de nombre con la postura del gobierno sobre política de IA. La orden también exige una propuesta de nueva definición legal dentro de los 60 días.
¿Qué significa realmente “superinteligencia”?
El filósofo Nick Bostrom le dio su definición estándar en su libro de 2014 Superinteligencia: Caminos, peligros, estrategias: un sistema que “supera ampliamente el desempeño cognitivo de los humanos en prácticamente todos los dominios de interés.” En la literatura de seguridad de IA se refiere a un sistema futuro hipotético que sería difícil o imposible de controlar, no a los productos comerciales de IA actuales.
¿Qué es el Acuerdo de la Casa Blanca sobre Super Inteligencia?
Un acuerdo voluntario anunciado el 29 de septiembre de 2026 y firmado por Jensen Huang, Sundar Pichai, Mark Zuckerberg, Elon Musk, Dario Amodei y Greg Brockman. Les pide a los laboratorios de frontera mantener controles internos que sigan las capacidades de los modelos en dominios sensibles, tener un equipo de seguridad dedicado, designar un auditor externo y formar un comité independiente del directorio para la supervisión. No es vinculante, no tiene sanciones y no crea obligaciones legales nuevas.
¿Qué pasa después de los 60 días?
Según la orden, el Asistente del Presidente para Ciencia y Tecnología tiene que proponer, dentro de los 60 días desde el 29 de septiembre, un texto legislativo para una definición legal federal de “Super Intelligence” y “SI”, incluyendo si esa definición debería modificar, ampliar o reemplazar la definición existente de inteligencia artificial en el 15 U.S.C. § 9401(3). Ese plazo vence a fines de noviembre de 2026. Cualquier cambio real a la definición legal requeriría al Congreso.
Fin del rant. Archivado, sellado y presentado en la máxima medida permitida por la ley.
En algún edificio federal esta noche hay una empleada junior haciendo buscar-y-reemplazar en cuatrocientas páginas, y por la página doscientos cuarenta va a toparse con una oración que ya hablaba de la peligrosa, y va a hacer una pausa, y lo va a hacer igual, porque son las nueve y tiene que tomarse el tren.
Así es como pasa siempre. No con una explosión. Con una abrochadora.