¿Por Qué los Hisopos Dicen que No Te los Metas en el Oído?
Pasados los Cuarenta, Sin Trucos, y Engañando a Mi Vida Sexual con un Palito de Dos Centavos que la Empresa Me Ruega que No Use
Déjenme arrancar con una confesión, porque los católicos en algo acertaron. Es más barata que la terapia y la luz es mejor. Además el cura está más sintonizado que tu viejo, cuya única respuesta a cualquier problema, allá por mediados de los ochenta, era “no seas c@gón.”
Tengo cuarenta y pico. Y como dijo un comediante, porque los adoro, “de acá en adelante es pura gestión de la decadencia.”
Y en algún momento alrededor de ese cumpleaños, la maquinaria vieja empezó a hacer los trámites de la jubilación anticipada, y con una frescura que nadie le pidió. Lo que a los veinticinco me prendía, una brisa fuerte, un catálogo de lencería abierto en la sala de espera del dentista, la palabra “martes,” a los cuarenta y pico ya no me hace nada. Mis veinte eran una máquina expendedora. Mis cuarenta son una máquina expendedora en una terminal de micros de Asunción que solo acepta cambio justo, en una moneda que dejó de existir en 1991, y a la que solo le quedan unos chizitos.
Robin Williams recorrió este territorio en Weapons of Self Destruction, su especial de HBO de 2009, grabado a los 58. Yo llevaba años con una versión de ese número dando vueltas en el bocho, con una cama elástica, una vela y mis propios muebles reacomodados. Fui a chequearlo. Mi memoria lo había suavizado. El original es peor. Hay vello púbico prendido fuego, un casco militar y muuucho MÁS, y mejor, y termina con las seis palabras más honestas que se dijeron jamás sobre la plomería de un hombre: “That might work. I don’t know.” Capaz que funcione. No sé.
No me creas a mí. Creele a él.
El número empieza alrededor del minuto 1:21:00. Miralo en YouTube si el reproductor no carga. (En inglés, sin subtítulos, pero se entiende todo.)
Mi cerebro le agregó una cama elástica. Él necesitó un sillón y un matafuegos. Ninguno de los dos está recibiendo lo que pagó.
¿Por qué te cuento esto? Porque yo manejo, vos vas de acompañante y tiene puesta la traba para chicos, corazón. Así que abrochate y, como diría mi viejo, que una vez me preguntó si estaba en la crisis de los cuarenta porque le dije “te quiero”... “no seas c@gón.” Hay un vaso gigante de gaseosa en el portavasos. No lo tomes. No es gaseosa. Y por el amor de Dios, no lo acerques al fuego.
Bueno.
El baño. Yo, el espejo, y el tubo fluorescente que hace que cualquier hombre parezca un testigo en un juicio contra un cártel. En la mano, un hisopo, y lo estoy usando para exactamente lo que fue hecho.
Encontrar el punto.
Sabés cuál es el punto. Todos tenemos uno. Vive en lo hondo del oído, pasando donde la cartografía se pone vaga, allá donde los mapas viejos solo dicen AQUÍ HAY CERUMEN. Lo encontrás, el hisopo da una pirueta lenta, y se te va la pierna. No es una decisión. Es un reflejo. La rodilla salta como un evangelista en pleno llamado al altar y por un segundo glorioso entendés por qué la gente se mete en sectas. Todos tenemos ese punto G. Es como tocarle la cara a Dios.
Todos somos culpables. No me mires así. Lo hiciste esta mañana, y lo hiciste con la puerta del baño cerrada con llave, lo cual me dice todo lo que necesito saber sobre tu conciencia.
Y ahí estoy, en plena pirueta, cuando cometo el error que arruina todo.
Leo la caja.
En Ningún Lugar de Esta Caja Dice “Oídos”
Esto es para lo que Q-tips quiere que uses su producto. Me baso en la caja que tengo en la mano y en el texto de la propia marca en todas las farmacias online de Estados Unidos, porque soy un profesional.
Belleza. Poner y sacar delineador, retocar el esmalte, delinear labios, toda la liturgia del contorno.
Primeros auxilios. Aplicar suavemente pomadas y cremas. Imaginate. Te estás desangrando en el piso del baño, un accidente con el cuchillo del pan, un incidente con la mandolina, y lo primero que encuentra tu mano temblorosa en el botiquín es un hisopo. No la toalla. No el torniquete. No el 107. Un palito con algodón. Te ponés un poquito de pomada en la arteria femoral y esperás a la caballería.
Maquillaje, otra vez, para que quede claro. Vi a mi esposa maquillarse. Se hace las mejillas con pinceles que harían que Leonardo dejara la Mona Lisa para preguntarle dónde los compra. Nadie en este matrimonio se pone rubor con un hisopo. Nadie en ningún matrimonio. Si tu pareja se está contorneando con un hisopo, eso no es una rutina de belleza, es una señal de rehén.
Y, no te miento, limpiar el teclado de la computadora.
En internet se pone mejor. La lista completa de hoy, según las páginas del producto: cuidado de mascotas, limpieza del auto, modelismo, limpiar objetos de colección, pintar, quitar el polvo de las rejillas del aire, limpiar el puerto de carga del celular y, mi favorita, protegerte de la corrosión de las pilas en placas madre y discos rígidos.
Corrosión de pilas en placas madre. Pilas... Esa es la patadita que sentimos cuando jugamos con ellas. Como apoyar la lengua en una batería de 9 voltios por la adrenalina.
¿Para quién es esto? ¿Quién está a las tres de la mañana, transpirando, con la placa madre corroyéndose y los federales dando vueltas a la manzana, metiendo la mano en el botiquín, pasando de largo el ibuprofeno, para agarrar los hisopos? Eso no es un cliente. Es un personaje de Tim Dorsey que está por meter un hisopo donde un hisopo no tiene nada que hacer, y es un disco rígido, y después es un patrullero.
Y ahí está, todo el asunto, en la palma de mi mano.
Q-tips es la marca perfecta. Vende un producto para cualquier cosa, para todo, menos para lo único para lo que cada ser humano lo compra.
Y LO SABEN. Lo saben perfectamente, los muy turros. Y Dios los bendiga por eso.
Nadie en ese edificio está en la reunión del lunes diciendo “Bueno, Brian, llegaron los números del trimestre e hicimos una fortuna. Deben ser todos esos teclados polvorientos.” Nadie brinda por el público de las placas madre. NO. Están cerrando las cortinas, enfriando el éter y yendo a fondo, modo gonzo, con el único producto del baño que está cableado directo a tu sistema nervioso central. Están arrodillados frente a un altar tirándole besos a un Dios Primigenio hecho de cera de oídos, y despreciando a todos los demás seres lovecraftianos porque no tienen la cosa dorada.
El Único Producto que Te Ruega que No lo Uses
No soy el primero en darse cuenta. El Washington Post lo notó en 2016, en una nota que sostenía que los Q-tips quizás sean el único producto de consumo masivo cuyo uso principal es exactamente el que el fabricante te advierte que no hagas. Muchas cosas se usan mal. Las guías telefónicas nivelan mesas. Los diarios prenden el fuego del asado. Las mesas ratonas sostienen pies. Pero nadie imprime NO NIVELAR MESAS en la guía y después le vende el noventa por ciento a gente con la mesa coja.
Cada caja trae la advertencia: no introducir el hisopo en el canal auditivo. Solo el oído externo, con suavidad, como si le estuvieras quitando el polvo a un huevo Fabergé que te debe plata.
La versión actual de la marca, que le dio a CNN en 2022, es que el 80% de los consumidores usa los Q-tips para algo que no es el cuidado personal.
Ochenta por ciento.
Claro, Brian. El ochenta por ciento de Estados Unidos anda limpiando los portavasos de un Camry del ’98. El ochenta por ciento arma barquitos a escala. Yo conocí a ese país. Ese país nunca armó un barquito. Ese país nunca le sacó el polvo a una rejilla en su vida. Ese país tiene una mano en el lavatorio y una pierna en el aire.
Alguien Cerró las Cortinas en los Setenta y Pico
Esta es la pregunta que me mandó a la madriguera del conejo con una linterna y un hisopo entre los dientes.
¿Cuándo cambió? ¿Siempre fue así?
Mi teoría, al arrancar: mediados de los ochenta. Algún gil con campera Members Only se pasa de rosca. Se agranda. Va más allá del punto, más allá del tímpano, más allá de toda razón, hasta que el hisopo toca algo sagrado y el tipo empieza a saborear colores, a hablar en lenguas y a llamar a su madre por su nombre de documento. Intervienen los abogados. La advertencia va a la caja.
Década equivocada. Mejor historia.
Durante el primer medio siglo, Q-tips no te advertía sobre los oídos. Q-tips te vendía oídos. Según lo que desenterró CNN, desde los años veinte el cuidado de los oídos era el centro del marketing. Los avisos de mitad de siglo mostraban hombres y mujeres limpiándose los oídos, limpiándoles los oídos a sus bebés, un tipo sacándose el agua de la pileta. Las cajas viejas imprimían “cuidado del oído para adultos” como uno de los usos principales. Betty White, la abuela de Estados Unidos, la mujer capaz de venderle agua bendita a un vampiro, hizo comerciales de televisión en los setenta y los ochenta presentándolos como suaves para los ojos, la nariz y los oídos.
Después, en algún momento de los setenta, con el dueño anterior de la marca, Chesebrough-Pond’s, aparece la advertencia.
Y esta es la parte que me reacomodó los muebles del bocho y después se fue a la cocina a hacerse un sánguche.
Nadie sabe por qué.
Cuando el Washington Post fue a buscar la respuesta en 1990, la empresa le dijo que no tenía registros del motivo, y el diario no encontró un solo caso publicado de alguien que se hubiera clavado un hisopo en el cerebro. Su conclusión, parafraseando: algo tiene que haber pasado, y la empresa no quería cargar con la culpa.
Algo tiene que haber pasado.
¿Entendés lo que significa? Un conglomerado multinacional de cremas frías puso una advertencia en cada caja de un producto básico de todos los hogares de Estados Unidos, dio vuelta cincuenta años de su propia publicidad, y nadie guardó el memo. Eso no es una decisión de producto. Eso es un encubrimiento. Es un tipo de traje gris entrando a una sala en 1974, cerrando las cortinas y diciendo: “Señores. Tenemos que hablar de lo que pasó en la fiesta de fin de año.”
No tengo ninguna prueba de esto. Quiero que quede claro para los abogados presentes. No estoy afirmando que haya pasado nada en ninguna fiesta de fin de año. Estoy afirmando que ALGO pasó, en algún lado, en el oído de alguien, y que fue lo bastante grave como para reescribir la caja y lo bastante silencioso como para que nadie lo anotara, y que si pensás que una empresa se olvida de algo así por accidente, te vendo el Obelisco, y está hecho de hisopos, y es estructural.
Cuando apareció la advertencia, ya no importaba. Q-tips tenía cerca de tres cuartos del mercado de hisopos, y el hábito estaba fraguado en hormigón. Un gerente de marca de fines de los dos mil le dijo a CNN que simplemente se daba por sentado que así es como la gente los usaba.
Así que la empresa hizo lo único sensato. Cambió de tema. Los avisos de 1941 le vendían maquillaje a mamá. Los de los cincuenta y sesenta se diversificaron. Para 1971 un aviso de Q-tips sugería usarlos para lubricar sierras eléctricas, armas y reeles de pesca. Y en 2015, la marca mandó a un hisopo de gira por el mundo, posando en Río y en Londres y comiendo waffles en Gante, como un muñequito viajero con cabeza de algodón y fondo fiduciario.
Un hisopo conoce Bélgica. Yo no conozco Bélgica. El hisopo tiene mejor pasaporte que yo, y yo sé dónde estuvo metido.
Mirame. Mirá lo que pasó acá. Entré a contarte de mi vida amorosa en retirada y ahora estoy haciendo investigación de archivo sobre ejecutivos de cremas frías de mitad de siglo. Pensabas que te tocaba una columna de sexo. Sorpresa, es el History Channel con una erección, y la erección está en mi oído.
STOP.
Porque hay una razón real por la que se va la pierna, y es más rara que cualquier fiesta de fin de año.
El Punto G de Tu Cabeza Está Conectado a Tus Tripas
Un descargo. No soy otorrinolaringólogo. Apenas sé escribir otorrinolaringólogo, y ya lo hice dos veces, y la segunda tuve que silabearlo como un rehén leyendo la carta de rescate. Lo que sigue es lo que dicen los médicos del oído, pasado por un tipo con un palito en la cabeza.
Tu canal auditivo está lleno de terminaciones nerviosas. Una de ellas es una rama del nervio vago, la rama auricular, también llamada nervio de Arnold, por Friedrich Arnold, el anatomista alemán que la describió.
El vago es el nervio craneal más largo que tenés. “Vagus” es errante en latín, y se gana el nombre. Sale del tronco cerebral y va vagando por la garganta, el corazón, los pulmones, y se instala en las tripas, regulando toda la operación de descanso y digestión, el sistema parasimpático, la parte tuya que preferiría estar durmiendo la siesta.
Y un afluente chiquito de ese vagabundo llega hasta tu canal auditivo.
Así que cuando el hisopo encuentra el punto, no te está haciendo cosquillas en el oído. Está tocando una línea que llega a la garganta y a las tripas. Por eso hay gente que tose cuando se limpia los oídos. Hasta tiene nombre, el reflejo de tos de Arnold, y lo tiene una porción chica de la población, gente con el oído prácticamente conectado a un fumadero. Una audióloga le dijo a la revista Stylist que la estimulación libera endorfinas, los opiáceos caseros del cuerpo. Internet, siendo internet, bautizó toda la experiencia como el “eargasm,” el orgasmo de oído, palabra que me niego a usar en cualquier oración que le leería en voz alta a mi madre.
Esto es lo que no encontré: un estudio sobre la pierna. Nadie, en ninguna revista científica a la que pude acceder, explica por qué se va la rodilla. La pierna es mía. La pierna queda entre yo, mi Dios y los azulejos del baño.
Y después está la trampa. Un neurotólogo llamado Douglas Backous se la explicó a CNN. Te sacás la cera. La cera protegía el canal. Sin ella, la piel se seca. La piel seca pica. La picazón pide un hisopo.
Eso no es higiene. Es un modelo de negocio. Tu canal auditivo fue un servicio de suscripción todo este tiempo, y vos estás con débito automático desde Alfonsín.
Y ahí fue cuando me cayó la ficha, parado frente al lavatorio, con la pierna todavía temblando como un perro que sueña con conejos.
Tengo cuarenta y pico. Las emociones de siempre ya no se disparan como antes. Y lo último seguro que le queda a mi cuerpo, el único interruptor que todavía funciona todas las veces, está conectado a mi colon a través de un nervio que lleva el nombre de un alemán muerto, viene con etiqueta de advertencia, y lo compré en un pack de tres en la farmacia, al lado del talco para pies.
Robin necesitó una bengala, un casco alemán y tomar carrera desde el sillón. Yo necesito un palito de dos centavos y una puerta con llave.
No sé cuál de los dos está peor.
Ahora la Parte en la que Lo Arruino para los Dos
Te debo el otro lado, y el otro lado no es gracioso, así que lo hago rápido, como arrancar una curita, que, dicho sea de paso, tampoco figura en la caja.
Entre 1990 y 2010, se estima que 263.000 chicos fueron atendidos en guardias de Estados Unidos por lesiones en el oído causadas por hisopos. Son unos 34 por día, todos los días, durante veintiún años. Sale de un estudio de 2017 del Nationwide Children’s Hospital publicado en The Journal of Pediatrics. La mayoría de esas lesiones, el 73%, ocurrió mientras se limpiaban los oídos, y casi siempre el hisopo lo tenía el chico. Los daños más comunes: la sensación de tener algo trabado en el oído, tímpanos perforados y lesiones del tejido del canal. En los casos graves, el daño al tímpano, a los huesitos del oído o al oído interno puede significar mareos y una pérdida de audición que no vuelve.
Las guías de los otorrinos, actualizadas ese mismo año, dicen lo mismo que tu abuela: los oídos se limpian solos. La cera no es mugre. Es el equipo de limpieza. Sale sola, y el hisopo en general la empuja de vuelta hacia el tímpano como una pulidora de hielo andando en reversa. La regla que circula desde entonces: no te metas en el oído nada más chico que tu codo.
Y este es el contraargumento honesto a todo mi rant, el que haría el comentario más votado si no lo hiciera yo primero.
Durante cincuenta años nos vendieron oídos. Después pararon, pusieron una advertencia en la caja, y la dejaron ahí medio siglo mientras nosotros la ignorábamos y ellos cobraban. Le podés decir cinismo. También le podés decir el envase más honesto del edificio. La caja de cereales dice que es parte de un desayuno balanceado. La caja de hisopos dice por favor, por el amor de Dios, ahí no. Uno de los dos dice la verdad, y no es el cereal.
No tengo derecho a indignarme con una etiqueta de advertencia que estoy ignorando activamente con una pierna en el aire.
Lo que sí tengo derecho es a desconfiar de ese 80%. Por ese me agarro a piñas en el estacionamiento.
Lo que Vio Leo
Hace un siglo, un hombre en Nueva York vio a su esposa limpiar a su bebé con un escarbadientes y un copito de algodón, y pensó: eso lo puedo hacer más seguro.
Cien años después, su invento conoce Bélgica, limpia placas madre, lubrica reeles, aplica pomada en la arteria femoral y vive en todos los botiquines de Estados Unidos, donde lo usan, casi exclusivamente, hombres hechos y derechos de cuarenta y pico persiguiendo el último interruptor del cuerpo que todavía anda, con la puerta cerrada con llave, leyendo la caja.
Leo vio a un bebé. Leo no me vio a mí.
Y el día que hasta el hisopo deje de funcionar, me vas a encontrar en un salar al amanecer, con un traje de poliéster celeste, cargando lanza en ristre contra la gran oreja rosada, pateando al aire, con el cartel de advertencia a mis espaldas puesto al revés.
Tus oídos se limpian solos.
A los míos les gusta que se lo pidan. Con buenos modales. Con las cortinas cerradas.
Preguntas Rápidas Desde la Tribuna Barata
¿Por qué los Q-tips dicen que no hay que meterlos en el oído?
Porque el canal auditivo se limpia solo, y los hisopos suelen empujar la cera hacia el tímpano y pueden lastimar el canal o perforar el tímpano. Q-tips agregó la advertencia en los años setenta, con su dueño anterior, Chesebrough-Pond’s. El motivo específico nunca se documentó públicamente.
¿Por qué da tanto placer limpiarse los oídos con un hisopo?
El canal auditivo está lleno de terminaciones nerviosas, entre ellas una rama del nervio vago, que también llega a la garganta y al sistema digestivo. Estimularla puede sentirse muy placentero. Además, sacar la cera reseca la piel, que pica, y eso da ganas de volver a usar el hisopo.
¿Por qué toso cuando me limpio los oídos?
Es el reflejo de tos de Arnold. La rama auricular del nervio vago, también llamada nervio de Arnold, llega al canal auditivo, y en algunas personas tocarla dispara la tos. Suele ser inofensivo.
¿Qué significa la Q de Q-tips?
Unilever dice que es de “quality,” calidad. El obituario de la hija del inventor dice que era un juego de palabras con “Cutie-Tips.”
¿Cómo se llamaban originalmente los Q-tips?
“Baby Gays.” Leo Gerstenzang los lanzó en 1923 como producto para bebés, los rebautizó “Q-tips Baby Gays” en 1926 y dejó de usar “Baby Gays” a mediados de los años treinta.
¿Es seguro usar hisopos en los oídos?
No adentro del canal, según los especialistas. La mayoría de los oídos no necesita más limpieza que pasar un paño por la oreja. Los hisopos mandaron a unos 263.000 chicos a guardias de Estados Unidos entre 1990 y 2010. Si tenés pérdida de audición, sensación de oído tapado o dolor, andá al médico en vez de escarbar.