El Nuevo Tesla Roadster Puede Volar. ¿Vos Podés Poner el Guiño?
El Tren Va a la Velocidad del Último Vagón: el Roadster Volador de Elon, un Volvo con el Guiño a la Derecha Durante Tres Kilómetros, y Por Qué Seguimos Dándole Botas Cohete a Gente que Se Tropieza con la Alfombra
Ayer a la tarde quedé atrapado detrás de un Volvo con el guiño derecho puesto.
Durante tres kilómetros.
No tres cuadras. Tres KILÓMETROS. Tic. Tac. Tic. Tac. Un metrónomo ámbar chiquito marcando el tiempo de una canción que solo ella escuchaba. En cada esquina me preparaba. Ahora sí. Dobla. Esta es.
No dobló. Pasó por cada calle a la derecha de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con la dignidad serena de Judi Dench llegando a un velorio al que aceptó ir pero no disfrutar. Nunca le vi la cara. No hacía falta. La postura lo decía todo. La postura decía: ya le comuniqué mis intenciones al universo, y el universo puede esperar.
Yo corría. En serio, compitiendo, con las zapatillas y las uñas de los pies destrozadas. En un buen día me podría haber bajado del auto, pasarla a pie, saludarla, y estar en casa con un café antes de que encontrara la calle para la que estaba guardando el guiño.
¿Por qué te cuento lo del Volvo de una desconocida? Porque el del blog soy yo, campeón. Sentate. Abrochate. Esto va para largo y vos tampoco te bajás en la próxima.
El Tren
Hay un número de Jim Jefferies en el que pienso más de lo que cualquier adulto debería pensar en un monólogo de stand-up.
Lo cuento de memoria, y él lo hace con más puteadas y mejor timing, pero la idea es esta: la humanidad es un tren. Adelante hay un vagoncito donde viven los inteligentes. Están paleando carbón. Inventaron la rueda, la vacuna, el satélite, el burrito de microondas a precio razonable. Detrás, vagón tras vagón tras vagón de todos los demás. No gente mala. Gente. Gente que lee las instrucciones después de romper la cosa.
Y el tren solo puede ir tan rápido como la locomotora pueda arrastrar la cola.
Ese es el chiste. Y también es, si entrecerrás los ojos, la teoría de la civilización más precisa que escuché en mi vida, y vino de un australiano que cantaba ópera hasta que le fallaron las cuerdas vocales. (Es verdad. Buscalo. Estaba en el coro. El universo tiene sentido del humor y casi siempre es a costa nuestra.)
Tené el tren en la cabeza. Lo vamos a necesitar.
Mientras Tanto, en un Campo de Pruebas de SpaceX en Texas
Anoche, 15 de octubre de 2026, después de nueve años de demoras que avergonzarían a una fábrica soviética de tractores, Tesla por fin presentó el nuevo Roadster.
Un poco de historia para los de los vagones de atrás. Tesla mostró este auto como prototipo en noviembre de 2017 y lo prometió para 2020. Después las fechas empezaron a resbalarse como un borracho en un piso encerado. Solo este año, Elon prometió la presentación para abril, después para fines de abril, después para “un mes más o menos” después del balance, después para agosto, después para el 1 de octubre. En un momento fijó una demo para el 1 de abril, el día de los inocentes allá, y dijo que la fecha le daba “margen para negarlo.”
Margen para negarlo. Sobre un auto. Hijo de p*ta.
Pero apareció. Y mirá, quiero ser justo, porque lo que salió de ese hangar es una pieza de ingeniería genuinamente delirante.
Hay tres versiones:
- Performance. La que se puede usar en la calle. Dos asientos, aerodinámica activa, un “sistema de succión multimodo.” De 0 a 96 km/h (las 60 millas por hora de los yanquis) en menos de 1,6 segundos.
- Thrust. Suma propulsores traseros de gas frío. De 0 a 96 en menos de 0,9 segundos. Edición limitada.
- Rocket. Un solo asiento. Propulsores en todo el perímetro del auto para moverse hacia arriba y girar. De 0 a 96 en menos de 0,59 segundos, velocidad máxima de más de 370 km/h. Solo por invitación. Y según la propia página de Tesla, no está aprobado para circular por la vía pública.
Esos propulsores vienen de SpaceX. Tesla dice que generan entre cuatro y cinco veces la fuerza que aguantan las ruedas, y así esquiva el límite de tracción que frena a cualquier otro auto del planeta. En la transmisión, la cosa saltó. Dio una vuelta. Hizo un KICKFLIP, como una patineta, como un pibe en un estacionamiento haciéndose el canchero para una chica que ni lo está mirando.
¿Y los ventiladores de succión de abajo? Tesla dice que sacan tanto aire de debajo del auto que lo pueden sostener boca abajo. Incluso quieto. En un techo. Como un gecko que fue a Stanford.
Los alerones del modo pista los mueven los mismos actuadores que Tesla hizo para el robot Optimus. O sea que el auto tiene brazos de robot. Sosteniendo alerones. Arriba de un cohete.
No soy Jeremy Clarkson, carajo. No te puedo decir cómo agarra una rotonda mojada en las afueras de Swindon. Pero vi el video cuatro veces.
Es un auto de los Supersónicos. Es el auto que dibujabas en cuarto grado en el margen de la tarea de matemática, el que tiraba fuego por atrás, y la maestra te ponía “venir a hablar conmigo” en birome roja.
Y esta es la frase que me viene dando vueltas en el bocho desde que terminó la transmisión. Antes del evento, Musk dijo que este iba a ser el último vehículo nuevo manejado por humanos que haga Tesla. Y le dejaron afuera por completo el sistema de manejo automático.
Pensalo un segundo. El último auto que Tesla piensa para que lo maneje una persona es el que más le exige a esa persona de todos los autos que se fabricaron jamás. Gravedad opcional. Techo opcional. Rotación a pedido.
Pensabas que esto iba a ser una reseña de autos. Pensabas que doblaba a la izquierda. En cambio me paré en el medio de la intersección, puse las balizas y bailé la Macarena.
STOP.
Pará el auto a un costado. Apagá el motor. Porque el Roadster no es la historia. El Roadster es el vagón de adelante. La historia es el último vagón, y el último vagón tiene el guiño puesto.
El Último Vagón, en Números
Esta es la cola del tren.
1,19 millones. Esa es la cantidad de personas que, según la Organización Mundial de la Salud, mueren por año en las rutas del mundo. Más de dos por minuto. Más de 3.200 por día. Los siniestros viales son la primera causa de muerte de chicos y jóvenes de 5 a 29 años, una frase que tuve que leer dos veces, y después tuve que salir un minuto al balcón.
Y el 92% de esas muertes pasa en países de ingresos bajos y medios. No donde viven los Roadsters. Donde viven los Volvos con el guiño trabado. Donde vivo yo.
Argentina. La asociación civil Luchemos por la Vida contó 6.248 muertos en calles y rutas argentinas en 2025. La Agencia Nacional de Seguridad Vial contó 3.255 para el mismo año. La diferencia es casi toda de método: Luchemos cuenta a los que mueren en el lugar Y a los que mueren dentro de los treinta días, y los números oficiales históricamente se apoyaron en los partes policiales del lugar del hecho. Hace años que discuten por eso. Elegí el número que quieras. Los dos llenan un estadio.
Luchemos también contó unos 190.000 muertos en 25 años. Y su frase merece repetirse tal cual: ninguna guerra, catástrofe ni desastre natural produjo en este país una tragedia semejante.
Y cuando a la presidenta de Luchemos, María Cristina Isoba, le preguntaron este año qué hay que arreglar, no dijo motores. Dijo que las licencias de conducir son una deuda pendiente, igual que la educación vial en las escuelas. Quiere que el examen deje de ser un cuestionario para reconocer señales y que los aspirantes tengan que resolver situaciones de tránsito reales.
Traducción: el problema no es el auto. El problema es el zopenco al que le dieron el registro.
El Problema No Es el Techo. Es el Piso.
Ahora el guiño, porque te lo prometí.
En 2012 la Society of Automotive Engineers publicó un estudio de observación: 12.000 vehículos doblando y cambiando de carril, observados por humanos de verdad. Los conductores no pusieron el guiño en el 25% de los giros y en el 48% de los cambios de carril. Llevado a todo Estados Unidos, son unos 750.000 millones de guiños que faltan por año. El estudio estimó que no poner el guiño contribuye a hasta 2 millones de choques por año, más o menos el doble de lo que el Departamento de Transporte de Estados Unidos le atribuía entonces a la distracción al volante.
Y este es el detalle que me hizo reír a carcajadas solo en una habitación vacía. Algunas notas sobre el estudio cuentan como error no solo no poner el guiño, sino también olvidarse de sacarlo.
Mi señora del Volvo no es una excepción. Es un dato. Está ADENTRO del 48%. Es, estadísticamente hablando, una ciudadana ejemplar del último vagón.
Así que hagamos el inventario. Existe un auto que, según su fabricante, se puede pegar a un techo con ventiladores. Y en el piso, en la ciudad real, en la tarde real, hay una señora que tiene el guiño puesto desde el gobierno anterior. Acá hay gente, y la vi, que necesita más de veinte minutos para estacionar en paralelo.
Y esos son los ejemplos estacionados. Las fallas quietas. Ahora te doy las que se mueven.
Tres de la mañana. El aeropuerto. Me subo a un Uber, y en algún momento en la autopista me doy cuenta de que el chofer se está quedando dormido. No con sueño. No un bostezo de fin de jornada. Dormido, en el sentido de mentón contra el pecho y párpados perdiendo la discusión, mientras iba a velocidad Top Gun por la autopista como si la torre le hubiera dado luz verde y llegara tarde al combate aéreo.
Así que lo pinché.
Cada cinco minutos. Todo el viaje. Un dedo en el hombro. Ey. Se despertaba de un salto, agarraba el volante como si le debiera plata, y se empezaba a hundir otra vez. Yo no era un pasajero. Era el botón de “cinco minutos más” de un proyectil de dos toneladas. Nadie estuvo nunca más despierto en el asiento de atrás de un auto que yo esa noche, lo cual, matemáticamente, hacía a uno de los dos.
Después está la familia.
Mamá, papá, chicos, un auto, no alcanzan los asientos. Un problema de logística. Y lo resolvieron como el último vagón resuelve todo: abrieron el baúl y metieron a los chicos adentro. Como las compras del súper. Como una alfombra que compraron en oferta y no se animaron a atar en el techo.
Delante de un policía.
Lo repito para los de la tribuna barata. Un representante del Estado, uniformado, con placa y presumiblemente con registro, estaba parado AHÍ MISMO mientras una familia guardaba a sus hijos en el portaequipajes.
Ese es el tren. Ese es el último vagón. Y anoche le atornillamos propulsores a la punta.
“Pero Es un Juguete para Ricos”
Sí. En parte. Pero la potencia baja a todos, lo pidamos o no, y los datos sobre lo que pasa cuando baja no son alentadores.
En 2016, el IIHS puso radares de velocidad sobre casi 27.000 vehículos y los cruzó con los registros de patentes. Midieron la potencia como caballos de fuerza por cada 45 kilos de peso. Después controlaron por edad y sexo del conductor, límite de velocidad, tipo de vehículo y tránsito, y encontraron que un aumento de potencia equivalente a unos 90 caballos más en un auto mediano de 1.360 kilos estaba asociado con:
- una velocidad promedio 2,2% más alta,
- una probabilidad 7,7% mayor de pasarse del límite,
- y una probabilidad 38% mayor de ir a más de 16 km/h por encima del límite.
Los mismos datos mostraron que la potencia promedio por kilo de los autos subió alrededor de un 60% entre 1985 y 2015. Es todo el parque automotor, sacando músculo en silencio, mientras los conductores siguieron exactamente del mismo tamaño.
Ahora tomá esa curva de 1985 a 2015 y poné al final un Roadster legal para la calle que hace de 0 a 96 en menos de 1,6 segundos. El auto básico, el que de verdad está a la venta.
El mundo del seguro está dividido sobre si los eléctricos en particular chocan más. LexisNexis encontró que los hogares que pasan de un auto a nafta a uno eléctrico hacen más denuncias después del cambio, y que el salto es mayor que cuando cambian un auto a nafta por otro a nafta. El HLDI, el centro de datos de la industria del seguro, no encontró tasas de choque más altas para los Tesla ni para los eléctricos en general, solo reparaciones más caras. No voy a hacer de árbitro desde un balcón en Buenos Aires. Pero en potencia y velocidad, la vieja regla del seguro se mantiene: más de lo primero, más de lo segundo.
El Nombre del Botón
Esta es la parte que me preocupa más que la velocidad.
La AAA encuestó a estadounidenses en 2018 y encontró que el 40% esperaba que los sistemas de asistencia con nombres como “Autopilot,” “ProPILOT” o “Pilot Assist” pudieran manejar el auto solos. No podían. No pueden. Un estudio posterior de la Fundación AAA les dio a las personas nombres de sistemas inventados y encontró que la redacción del marketing, por sí sola, cambiaba cuánto confiaban en la máquina. La advertencia de la propia AAA fue que los nombres vagos llevan a la gente a sobreestimar lo que el auto puede hacer.
Cuarenta por ciento. De la gente. Leyó la etiqueta de un botón y decidió que el auto era un chofer.
Ahora. Las versiones del nuevo Roadster se llaman Performance, Thrust y Rocket. Rendimiento, Empuje y Cohete.
Ya ves a dónde voy. Y voy en un auto que no sabe apagarse el guiño solo.
Cada capacidad nueva es una variable nueva. Gravedad. Rotación. Vectorización del empuje, que no estoy capacitado para explicar y el tipo que se lo va a comprar tampoco. Ingenieros. Inversores. Lo que sea que esté manejando los comentarios de esa transmisión. Todos están entusiasmados con sumarle dimensiones al manejo. Nadie está entusiasmado con la dimensión que ya tenemos y en la que seguimos fallando: la plana, la de mirar el espejo, poner el guiño y después doblar de verdad.
Hay un tipo con campera de cuero en cierta película de dinosaurios cuyo único trabajo era pararse bajo la lluvia y decirles a los inteligentes que estuvieron tan ocupados preguntándose si podían que nunca se preguntaron si debían. Siempre me pareció el personaje más insoportable de la película. Estoy empezando a pensar que era el único con el registro al día.
El Contraargumento, Bien Hecho
Tengo cuatro. No le voy a hacer un hombre de paja a ninguno, porque prefiero discutir conmigo mismo acá antes que el comentario más votado lo haga por mí.
Uno. El Rocket no es para ella. El que vuela es por invitación y no está aprobado para la vía pública. Dame Judi nunca va a tener uno. Nadie va a ir al Coto de Cabildo en un auto con propulsores. La Performance legal es simplemente un deportivo rapidísimo, y los deportivos rapidísimos existen desde antes de que yo naciera. Justo. Aunque mirá los números del IIHS de arriba, que dicen que el “simplemente” de “simplemente rápido” pesa más de lo que parece.
Dos. El vagón de adelante es la locomotora. Ese es literalmente el punto de Jefferies. Los inteligentes palean carbón y el tren ANDA. Una parte enorme de lo que te mantiene vivo en un auto fue alguna vez la ingeniería extravagante, inútil, de “mirá lo que podemos hacer” de alguien, probada a velocidades absurdas por gente con más plata que prudencia. Frenos, celdas de seguridad, control de estabilidad: mucho de lo aburrido que te salva empezó siendo el capricho exótico de alguien. Los autos insignia son cómo se paga el futuro. No quiero vivir en un mundo que deja de construir cosas ridículas. Ese mundo no te da nada para dibujar en el margen de la tarea de matemática.
Tres. Las cosas de verdad, despacio, están mejorando. El mismo informe de la OMS dice que las muertes viales bajaron un 5% desde 2010, aunque la cantidad de vehículos en el mundo más o menos se duplicó. Es un logro real y es casi todo obra de cosas sin glamour: leyes de cinturón, leyes de casco, control de velocidad, mejor diseño de calles. Lo cual, si te fijás, no es un argumento a favor de los propulsores. Es un argumento a favor del piso.
Cuatro. Soy un tipo con un blog, y el último vagón no es un lugar donde vive otra gente. Es un lugar que visito seguido. Algunos días tengo abono de temporada.
Sostené los cuatro. Después fijate que ninguno toca la queja de fondo, que es hacia dónde va la atención. Todos son ciertos y el último vagón sigue prendido fuego.
Lo que Necesitamos de Verdad
No un auto que se pegue al techo.
Un examen de manejo que te haga resolver una intersección real en vez de nombrar una señal, que es exactamente lo que piden hace años los que cuentan los muertos en este país. Controles que existan fuera de los comunicados de prensa. Educación vial en las escuelas. Y, no estoy bromeando, un guiño que se apague solo a los tres kilómetros y le pregunte a la conductora, con delicadeza, si está bien.
Esa es toda la lista de deseos. Es aburrida. Cuesta menos que el redondeo de una sola seña de un Roadster. Salvaría más vidas en Argentina este año que todos los autos cohete que se construyan jamás, juntos, para siempre.
Jefferies tenía razón. El tren va a la velocidad a la que puede arrastrar el último vagón. Y anoche, en Texas, un tipo muy inteligente le atornilló un motor a reacción a la punta de la locomotora, le hizo un kickflip para las cámaras, y nos dijo que es el último que nos van a dejar manejar a nosotros.
En algún lugar de la pampa las cadenas están tensas, las ruedas del auto blanco patinan, y al final de todo, en el último vagón, una lucecita ámbar hace tic... tac... tic... tac.
Ya va a doblar.
En cualquier momento.
Preguntas Rápidas Desde la Tribuna Barata
¿Cuándo se presentó el nuevo Tesla Roadster?
Tesla presentó el Roadster de nueva generación en una transmisión en vivo el 15 de octubre de 2026, desde un campo de pruebas de SpaceX en Texas. El auto se había mostrado como prototipo en noviembre de 2017, con la producción prometida para 2020. Musk dijo que la producción no va a empezar hasta 2028.
¿Qué tan rápido es el nuevo Tesla Roadster?
Tesla anuncia tres versiones. La Performance, la legal para la calle, hace de 0 a 96 km/h en menos de 1,6 segundos. La Thrust, que suma propulsores traseros de gas frío, lo hace en menos de 0,9 segundos. La Rocket, con propulsores en todo el perímetro, lo hace en menos de 0,59 segundos y supera los 370 km/h. Tesla anuncia una autonomía de más de 480 km.
¿El nuevo Tesla Roadster puede volar o andar boca abajo?
La versión Rocket usa propulsores de gas frío derivados de SpaceX que le permiten saltar, dar vueltas y girar en el aire, y se lo mostró haciendo un kickflip en la presentación. Tesla también afirma que los ventiladores de succión pueden sacar suficiente aire de debajo del auto como para sostenerlo boca abajo, incluso quieto. La Rocket es solo por invitación, y la propia página de Tesla dice que no está aprobada para la vía pública.
¿Cuánto cuesta el nuevo Tesla Roadster?
Tesla no anunció precio para ninguna versión. La reserva pide 5.000 dólares al anotarse y otros 45.000 dentro de los diez días, los mismos 50.000 en total que Tesla pedía en 2017.
¿Cuántas personas mueren por año en siniestros viales?
Según el Informe sobre la situación mundial de la seguridad vial 2023 de la OMS, alrededor de 1,19 millones de personas mueren por año en siniestros de tránsito, más de 3.200 por día. Son la primera causa de muerte de las personas de 5 a 29 años, y cerca del 92% de las muertes ocurre en países de ingresos bajos y medios.
¿Cuántas personas murieron en las calles y rutas de Argentina en 2025?
La asociación civil Luchemos por la Vida registró 6.248 muertes en 2025, contando a quienes murieron en el lugar y dentro de los 30 días. La Agencia Nacional de Seguridad Vial registró 3.255 para el mismo año. La diferencia responde a métodos de conteo distintos.
¿Con qué frecuencia los conductores no ponen el guiño?
Un estudio de observación de la Society of Automotive Engineers de 2012 sobre 12.000 vehículos encontró que los conductores no pusieron el guiño en el 25% de los giros y en el 48% de los cambios de carril, y estimó que eso contribuye a hasta 2 millones de choques por año en Estados Unidos. El autor del estudio promocionaba un dispositivo pensado para resolver el problema.
¿Los autos más potentes van más rápido?
Sí, según un estudio del IIHS de 2016. Controlando factores del conductor y de la vía, unos 90 caballos de fuerza más en un auto de 1.360 kilos se asociaron con una probabilidad 38% mayor de superar el límite de velocidad por más de 16 km/h.
Fin del rant. Ningún Volvo salió herido en la escritura de este post. Uno fue seguido durante tres kilómetros, a distancia respetuosa, con la paciencia de un santo y el vocabulario de un marinero.
Poné el guiño. Doblá. Sacá el guiño. No es un cohete. Es una palanquita al lado del volante.